Y la paz os abandonará
- Vigilance

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La poesía y los collages por Cristina Serenísima Castillo
Con un posfacio de Sara Andraca Osornio

Y la paz os abandonará
como vosotros abandonáis los cuerpos en las quebradas
Si nos dividen en las que debemos morir
y las que debemos vivir
yo os divido en venganza y venganza
os divido en persecución y vergüenza
os divido en mutilación y arrebato.
Y os perseguiré como un oso
y os rasgaré la ropa y los sueños
y seréis infértiles y nunca pariré para vosotros
y evangelizaré para que dejen de parir
para vosotros.
Os volveré vuestras propias víctimas
y seréis hambrientos
y nadie se reirá con vosotros sino de vosotros.
Y mutaré en perro
si me dividen en las que tienen que vivir
y os morderé.
Y de vuestra sangre haré flores violetas
para las divididas en muertas.
Seréis tan pocos dentro de nada
que vuestras lágrimas apenas rellenarán un vaso,
en cambio, nosotras lo inundaremos todo con nuestras cosechas. Seréis tan pocos dentro de nada
que vuestra violencia apenas alcanzará la luz,
en cambio, nosotras lo inundaremos todo
con nuestros dientes.
Si nos dividen en las que debemos morir
y las que debemos vivir,
mutaré en serpiente
y nunca me gobernaréis,
porque el reino es nuestro
y yo os aplastaré la cabeza cobarde y malhecha.
Bajo mis aguas
solo nadan mis sueños.
Y seréis cucarachas
pero no tendréis el privilegio
de vivir como cucarachas,
y vuestro arrepentimiento será recibido
por la misma injusticia
que hoy recibe a las que mueren,
entonces vuestros lamentos
nunca serán escuchados.
Y vosotros, seres famélicos de espíritu,
no podréis aspirar ni al vómito ni a la purga,
porque el mandato de la desobediencia
pertenece a las que siembran
y no a los que arrebatan.
Y buscaréis la paz,
y la paz os abandonará
como vosotros abandonáis los cuerpos
en las quebradas.

Posfacio
Por Sara Andraca Osornio
La oración es el acto de elevar la palabra y el pensamiento hacia un ser superior con la intención de establecer contacto con esa fuerza primordial que todo lo rige. A veces alabamos, a veces agradecemos, pero cuando se es mujer, muy a menudo la oración se convierte en plegaria, en una súplica; ¿qué pasa con toda la rabia y todo el llanto que han callado las abuelas, las madres? A menudo, lo indecible se transmuta en rezo, porque en la tierra injusta de los hombres, todo lo que nos queda es apelar a las divinidades para obtener cierta sensación de protección, de retribución.
“Y la paz os abandonará/ como vosotros abandonáis los cuerpos en las quebradas” nos recuerda a la oración no solo por la similitud clara con la versificación en la liturgia católica, sino también porque subvierte el rezo y canaliza la fuerza de las vivas y las muertas para manifestar la condena en vez del perdón. No se siente como un murmullo sino como un rugido desde el corazón de la selva, la voz poética se posiciona activamente y con entereza; aunque pide y afirma la venganza en el lenguaje del perpetrador, no habla con su Dios sino con la fuerza primordial de abajo, la que recibe a las muertas y brinda las cosechas. A través de los elementos telúricos el poema legitima su palabra: lo que infrinjas en nosotras, te será devuelto.
El poema de Serenísima es una pieza que juega con la disposición del poema para transgredir la frontera hacia lo profano, pues en esta invocación a la fuerza amenaza, maldice; en esta calma, hay turbulencia. No hay una búsqueda de paz sino una reafirmación de la rabia femenina, de venganza universal, lo que me recuerda a las mujeres sabias, poderosas y sanadoras de nuestros territorios, que han sido etiquetadas comúnmente como brujas o chamanas. En Nawatl, una lengua originaria de México, estas mujeres se llaman “tetlaihchihke”, literalmente la que hace cosas con el “ihyo” de la gente, es decir, con su palabra, con su aliento (con su esencia). Todos los seres sintientes tenemos ihyo, aún los muertos lo perciben y se alimentan del ihyo de las cosas.[1]
En el contexto sociopolítico de América Latina, donde las cifras de mujeres desaparecidas y asesinadas son desoladoramente altas, la denuncia de Serenísima no pasa desapercibida, me conmueve profundamente el contraste que genera la belleza de las imágenes y su disposición en el verso para describir lo absolutamente abyecto. Como una mujer mexicana precarizada, resuena conmigo la postura que toma ante su propio cuerpo y la denuncia del abuso como control, pero además, y por encima de todo, considero este poema como una pieza poderosa porque me hace reconectar con el quebranto y la furia que compartimos, y saber que eso nos hermana a la distancia, es como un abrazo y al mismo tiempo una invocación. Parece que apela a ese ihyo, que también poseen las muertas divididas; invoca con el propio el ihyo de las vivas y las muertas para colectivizar y potenciar la rabia creadora.
El conjuro ha surtido efecto: me ha tocado y ha unido nuestras energías en fuerza, nuestro pensamiento en poder y nuestras palabras en herramientas de creación y liberación.
*
[1] Referencia de la cultura Nawa consultada con la Lic. Sofía Guerrero Mendoza, masewal y profesora del idioma Nawatl en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Sobre las escritoras
Cristina Serenìsima Castillo (Ecuador)
Su experiencia ha estado vinculada al acompañamiento de procesos comunitarios audiovisuales en la Amazonía norte del Ecuador, especialmente junto a mujeres y jóvenes. Interesada en las formas en que las personas construyen relatos individuales y colectivos, integra en su práctica la experiencia somática y la observación cotidiana como herramientas para narrar el mundo. Instagram: @serenisimacastillo
Sara Andraca Osornio (Azcapotzalco, CDMX)
Profesora de idiomas, traductora y escritora de la Ciudad de México, tiene una licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en literatura latinoamericana, crítica literaria y edición de textos, realizada en el Instituto de Investigaciones Filológicas.
Instagram: @amigapiedra_








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