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Vestidos rojos y deforestación: testimonio de una colona

Por Gillian Ashley-Martz

Introducción de Karen Moe




El Memorial del Vestido Rojo en los bloqueos de Fairy Creek 2021. Foto por Karen Moe.



Finalmente,

los colonos —descendientes y perpetradores del dominio colonial en Canadá— están comenzando a saber en qué se basa su cultura. Están comenzando a sentir algo de lo que los pueblos indígenas han sufrido durante más de un siglo. Empiezan a lamentarse por lo que se han beneficiado. Yo soy una de estas personas. Al igual que Gillian Ashley Martz, quien ha escrito su experiencia sobre la apertura más necesaria de esta herida que es la vergüenza de Canadá.



En 2021, debido a los miles de cadáveres de niños indígenas encontrados en tumbas sin identificar debajo y alrededor de las escuelas residenciales, los canadienses saben ahora, en diversos grados de reconocimiento, que incluso antes de la confederación de Canadá en 1867, se produjo un genocidio contra los pueblos indígenas en una variedad de formas insidiosas y efectivas. De acuerdo con nuestra herencia de etiqueta británica que sirve para elegantizar el salvajismo, Canadá siempre ha sido muy educado. Estos petrificantes actos de genocidio que sacaron del apuro a la cultura colonizadora ofuscaron la brutalidad de la toma debido a su correspondiente propaganda de “mejoramiento”.


Con la Ley de los Indios de 1880, prohibimos el potlach, la ceremonia en la que el traspaso de los nombres, títulos y responsabilidades de un jefe al heredero mayor, distribuye la riqueza y establece el rango [1]; creamos las escuelas residenciales donde los niños indígenas fueron separados de sus familias por lo que se proclamó “su propio bien” y, para citar a John A. MacDonald, el primer primer ministro de Canadá y el padre de la Confederación, para “sacar al indio de ellos”; creamos el Indian Band Council, un sistema de gobierno jerárquico que refleja el europeo y, como en realidad un títere de soberanía, está en deuda con el estado-nación canadiense; creamos la RCMP (equivalente a la Policía Federal en México) para hacer cumplir lo que, en el contexto neoliberal de la codicia acelerada, se está convirtiendo en un estado policial mientras continúa fingiendo tener buena voluntad.


A diferencia de otros estados-nación coloniales a nivel internacional, Canadá no masacró abiertamente a las personas cuyas tierras robamos. Los nuestros fueron asesinatos clandestinos. Se entregaron mantas infectadas con viruela a las Primeras Naciones (Poblaciones pertenecientes al Concejo Indígena, Indian Band Council) como “obsequios” con intenciones letales; los pueblos indígenas con viruela se vieron obligados a abandonar Fort Victoria, acompañados de buques de guerra, y ese acto por sí solo llevó la viruela a naciones tan al norte como Alaska, matando a decenas de miles; el anciano Bill Jones ha dicho que todas las personas Pacheedaht mayores de 14 años murieron de viruela, a la que él llama la plaga. La hambruna deliberada y “experimental” de los niños en las escuelas residenciales eran actos de exterminio que estaban extrañamente justificados como ciencia. [2] Un médico a principios de la década de 1900 descubrió que casi la mitad de los niños que vio murieron lo largo de tres años, trató de hacer cambios pero fue ignorado. [3] A diferencia de la masacre total de pueblos indígenas en América Latina por parte de los conquistadores españoles, en Canadá, estos fueron actos de genocidio encubierto que se mantuvieron ocultos más fácilmente y, como tales, pudieron continuar más fácilmente a través de una fuerza policial racista y un gobierno que hoy está tanto en silencio, como en negación o literalmente mintiendo.


Con la priorización de una economía de extracción y su ideología de toma, el legado del colonialismo encubierto de Canadá está especialmente vivo y asesinando, no sólo porque nuestro país viola la tierra y no investiga de manera efectiva la epidemia de mujeres y niñas desaparecidas y asesinadas, pero también al negarse a hacer la conexión de que el genocidio contra los pueblos indígenas es también un genocidio contra su tierra salvaje y todas las demás especies que viven allí. Este doble genocidio grita su verdad irreverente en la Instalación del Vestido Rojo en un campo deforestado en Fairy Creek, Columbia Británica (BC).


Karen Moe, editora.



Foto por Karen Moe.


Gillian Ashley-Martz, Bloqueos de Fairy Creek 8 de julio de 2021.

En uno de los campamentos de defensa forestal cerca de Fairy Creek, cerca de Port Renfrew, BC, Defensores de los Bosques indígenas y no indígenas crearon un memorial el 21 de junio, Día Nacional de los Pueblos Indígenas. Los vestidos rojos y las huellas de las manos rojas representan a las Mujeres y Niñas Indígenas Asesinadas y Desaparecidas (MMIWG, por sus siglas en inglés), estimadas en más de 1,000. La policía avanza poco en la investigación de sus desapariciones. El evento también conmemora las 215 tumbas de niños indígenas que se habían encontrado recientemente debajo de una escuela residencial en Kamloops BC que fue cerrada en 1978. [4]


La autora se encontró con el memorial del Vestido Rojo días después y aquí comparte su experiencia.




Foto por Karen Moe.



De repente nos encontramos con el memorial del Vestido Rojo,

mi compañero y yo, en una fría y gris mañana de julio mientras conducíamos por un empinado camino forestal entre el cuartel general de Fairy Creek abajo, y el campamento River arriba, donde durante meses los defensores de los bosques indígenas y colonos han protegido con éxito un antiguo bosque primigenio de la destrucción de la industria.


En la ladera brumosa nos encontramos con postes altos, las partes superiores empapadas en pintura roja como lanzas ensangrentadas, cada uno con un vestido rojo colgado de ganchos. Los postes están plantados como árboles jóvenes en una granja de árboles en la ladera, dentro de ramas muertas y moribundas abandonadas entre tocones de árboles amputados y montones de cadáveres de árboles en descomposición.


Un campo recién deforestado es una grotesca vista de violencia contra la tierra, lo que lo convierte en el lienzo perfecto para esta escena poderosamente dramática de vestidos rojos flotantes. Cada uno es único, algunos glamorosos, otros sencillos, todos balanceándose silenciosamente en una danza fantasmal con la fresca brisa de la montaña. Pero son los pequeños vestidos de fiesta rojos con sus alegres cintas y encajes juguetones los que desatan el control que no sabía que tenía sobre mis emociones. Estos vestidos rojos incorpóreos bailan por todo el camino a través de la desfigurada ladera hacia un abismo de dolor.



Foto por Karen Moe.



Alguien ha pintado un pequeño corazón de madera con el número 215 que data del memorial. Estos pequeños vestidos de fiesta susurran historias de niños robados de sus familias aterrorizadas, abusados ​​y asesinados y escondidos en tumbas sin nombre. Mi mente se esfuerza por apartar la mirada del horror, pero las huellas de las manchas rojo sangre de los vestidos contra el salvaje campo deforestado y nítido me hace regresarla. Sé que necesito ser testigo del inmenso sufrimiento simbolizado en esta ladera.


Se me ocurre entonces, en esta hermosa y terrible escena, que quizás las almas de los árboles que vivieron durante miles de años en esta ladera conozcan el dolor de los vestidos vacíos y encuentren consuelo en su experiencia compartida de las atrocidades coloniales infligidas a la tierra y a la gente. Quizás ellos también encuentren la cura en este desafiante baile de vestidos rojos, estas sirenas ondeantes de dolor. Algunos vestidos me obligan a desengancharlos de los postes para que ellos también puedan bailar con sus parientes y nos hagan recordar cómo ser libres. El poeta en mí imagina que esos muñones amputados miran los vestidos de baile, y recuerdan cómo sus marquesinas bailaban en los vientos, cantando sus antiguas canciones antes de que los barcos llegaran a las calas, antes de que las motosierras zumbaran en el bosque y los niños fueron robados.



Foto por Mary Bahn.



Al otro lado del valle, desde la tala rasa, hay hectáreas de tres granjas de árboles en varios tonos de verde oscuro en una especie de familia de huérfanos del bosque que van del kinder a la secundaria que crecen en viveros de árboles lejos de aquí. Esparcidos por la ladera se encuentran unos cuantos abetos de Douglas altísimos como caminantes en zancos solitarios que se ciernen de forma antinatural sobre la alfombra de monocultivos de árboles replantados cultivados para obtener el máximo beneficio, privados de biodiversidad. No hay nada natural o salvaje en este paisaje de árboles “semilleros” abandonados para supuestamente promover la reforestación en un guiño a la silvicultura sostenible. Tal vez sean veinte ahora, donde miles una vez estuvieron alimentando a sus familias del bosque y la inmensa diversidad de vida que prosperó en estos antiguos bosques y arroyos. Una vez más, mi mente quiere apartar la mirada de la realidad de su extinción. Una vez más, necesito dar testimonio.



Foto de Gillian Ashley-Martz.



Lloro por estos árboles ancianos, los olvidados, y por la pérdida de sus familias forestales arrancadas de la tierra y lejos de las ramas protectoras y las raíces nutritivas, por la pérdida de las complejas redes sociales de reciprocidad y cooperación facilitadas por los hongos que tomó milenios para desarrollarse bajo tierra, y por las especies perdidas en las copas de los árboles inexplorados aún por descubrir.


Cuando miro este valle cultivado de árboles por un lado, y por el otro un campo deforestado manchado por los vestidos rojo sangre, me doy cuenta de que lo que realmente estoy viendo escrito en grande es el pasado, presente y futuro del genocidio y el ecocidio, el gemelos malvado del dominio colonial. El dolor da paso a la rabia cuando surge otro tsunami de emoción.


Todo lo que tengo son mis lágrimas y las dejo caer en la tierra reseca, para que sepa que no tengo miedo de dar testimonio; no apartaré la mirada mientras aprovecho el pozo sin fondo de la vergüenza de lo que realmente significa ser un colono en esta tierra.



Foto por Karen Moe.



Al costado de la carretera hay un círculo muy grande de piedras cuidadosamente colocadas en un diseño concéntrico en un parche de terreno despejado y duro. Su simbolismo se siente sagrado y ceremonial, quizás un intento de comenzar a sanar. Este simple círculo de piedras tiene su propia belleza geométrica y parece un diseño deliberado de equilibrio y comodidad en medio de esta carnicería industrial. Me encuentro caminando dentro de los círculos hacia el centro y el movimiento es relajante y estable. Algo sagrado sucedió aquí. Empiezo a respirar de nuevo.


Nos dirigimos de regreso a la montaña en lugar de abrirnos camino hasta River Camp. Nos quedamos en silencio en el coche, cada uno de nosotros aturdido y destrozado a su manera. Tenemos un largo día por delante siguiendo a los carros de la policía que dejan a los detenidos por todo este territorio. Los guiamos de regreso a la seguridad y la comunidad en la sede en busca de apoyo y sustento. La RCMP se refiere a ellos como prisioneros. Esto me parece tan irónico cuando veo a la policía esconderse detrás de sus armas y de sus tasers, sombríos y severos con lentes negros y ropa de camuflaje, acalorados y sudorosos con sus pesados ​​uniformes oscuros, soportando la carga de ejecutar la ley colonial contra las abuelas amantes de la paz, estudiantes universitarios y adolescentes atraídos por este movimiento para ser parte de la construcción de un futuro mejor.


Los arrestados que recogemos están entusiasmados con el éxito de mantener el campamento Waterfall un día más a pesar de las abrumadoras probabilidades. Cuentan historias de cantar, bailar y leer poesía mientras son extraídos de sus dragones durmientes. [5] El coche polvoriento se llena de vitalidad y pasión, su orgullo juvenil y la tenaz determinación de demostrar que pueden haber violado la ley, pero ciertamente no son ni criminales ni prisioneros.


Más tarde pienso en los anillos de los árboles y el duramen del centro. La madera más resistente. Pienso en nuestros descendientes y me pregunto, cuando vean qué ha sido del anillo del árbol humano de la vida en la tierra en 2021, ¿sacudirán la cabeza con tristeza o suspirarán de alivio de que finalmente comenzamos a escuchar la sabiduría de los Ancianos y poner un pie en el largo viaje de regreso a Casa?




Foto por Karen Moe.



Sobre el escritor:


“Como madre de mediana edad que vive una vida cómoda y tranquila en Saltspring Island, Fairy Creek cambió mi vida cuando vine a ver los grandes árboles en Eden Grove y River Camp. Me enamoré de estos bosques ancestrales y fui arrastrada inexorablemente a la órbita de este movimiento para salvarlos. Primero vine a presenciar y a llorar y luego me enojé y desaté un yo guerrero que ha prosperado en las líneas del frente de batalla. Nunca me había sentido tan viva o impulsada por un propósito. Quería escribir sobre todo lo que estaba experimentando como una forma de capturarlo y comunicarlo para que todos pudieran sentir esta embriagadora mezcla de emociones y enamorarse de los bosques y de la gente de este movimiento. Escribí cartas a periódicos, comunicados a mi familia en el extranjero y luego este artículo, que es mi primer artículo publicado”.


Gillian Ashley-Martz, septiembre de 2021.



*


Notas:


[1] Ley sobre los indios de 1876, que a su vez marcó el comienzo de la era de la colonización y la asimilación cultural forzada… La verdadera asimilación sólo se puede lograr mediante la abolición, por ley, de todas las prácticas culturales. Por lo tanto, en virtud de la Indian Act, la Ley Potlatch, que incluía otras ceremonias como la Danza del Sol, entró en vigor en 1880.Las ceremonias Potlatch, según la cultura, podían celebrarse, por ejemplo, para celebrar el traspaso de nombres, títulos y responsabilidades de un jefe al heredero mayor, distribuir riqueza, establecer rango; para marcar el fallecimiento de un líder o del jefe de una casa; para celebrar bodas y nacimientos. Reconocido como parte integral de la cultura de las Primeras Naciones costeras, el potlatch fue atacado con especial fuerza. El gobierno y los misioneros vieron las ceremonias de potlatch como excesivas, derrochadoras y como barreras para la asimilación.

https://www.ictinc.ca/the-potlatch-ban-abolishment-of-first-nations-ceremonies


[2]https://www.cbc.ca/news/canada/thunder-bay/aboriginal-nutritional-experiments-had-ottawa-s-approval-1.1404390


[3] https://www.cbc.ca/news/canada/ottawa/peter-bryce-exhibit-ottawa-church-residential-schools-1.4142766; gracias a Grace de the Rainforest Flying Squad por compartirme este artículo.


[4] La última escuela residencial en Canadá se cerró en 1996.


[5] Los dragones (también conocidos como dragones durmientes) son bloques duros donde los sefensores del bosque cavan agujeros, colocan dentro un tubo del largo y ancho de su brazo, cubren el tubo con concreto y bloquean sus brazos en el tubo mientras están acostados sobre el camino de tala. Recientemente, a medida que Teal-Jones y la presión de la RCMP ha aumentado, los defensores del bosque están usando dragones de trinchera donde se encierran en las tuberías mientras están acostados en el fondo de una trinchera de 30 cm de profundidad que se ha cavado a lo largo del camino de deforestación.



*


Nota del editor:


Con 1082 arrestos hasta la fecha, los bloqueos de Fairy Creek son el acto de desobediencia civil más grande en la historia de Canadá.


Desde la redacción de este ensayo, los mercenarios para la industria de la RCMP han logrado atravesar todos los campos de defensa a lo largo de Granite-Main que protegían un bosque antiguo que contenía árboles de más de 1000 años, raros líquenes moteados que, entre otros beneficios: absorben el carbono de la atmósfera y contrarrestan directamente el cambio climático. Este liquen sólo crece en ecosistemas prístinos y antiguos. Junto con la destrucción de este liquen que salvó el planeta, el bosque entre Heli-River y Ridge Camp también es el hogar del mérrido veteado de punta.


Al adjudicar a Teal-Jones 60,000 hectáreas de bosque en el sur de la isla de Vancouver para talar (incluidas 2080 hectáreas de bosque antiguo), no se realizó ningún estudio sobre los efectos de las especies raras y en peligro de extinción que residen en los campos de tala pendientes.


Desde el 25 de septiembre de 2021, todavía hay defensores del bosque en Heli-River luchando para evitar que los madereros destruyan este bosque. Teal-Jones ha estado trayendo madereros en helicóptero. A pesar de la declaración uniformada o perversa del primer ministro del NDP, John Horgan, de lo contrario, la tala ha comenzado. Durante la semana del 20 de septiembre, la RCMP ha avanzado más en la apertura de la ruta maderera para la maquinaria Teal-Jones que, como siempre con la extracción forestal, destruirá por completo un ecosistema milenario para extraer los árboles invaluables. Sin embargo, los defensores del bosque no se rinden y el Memorial del Vestido Rojo a las Mujeres Indígenas Desaparecidas y Asesinadas sigue en pie.


Como se expresó sobre el bloqueo de Fairy Creek el 24 de septiembre de 2021:


“Hoy y ayer, Heli Camp y River Camp fueron destruidos. Casi todo el mundo fue expulsado de la montaña y todos nuestros suministros fueron robados por la RCMP. Ahora los taladores están en Heli Camp. Sé parte de la historia. Ven al campamento.”


... y da testimonio del Memorial del Vestido Rojo a lo largo del camino.


@fairycreekblockade


@rainforestflyingsquad



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